jueves, 4 de diciembre de 2008

Haiku

Quite nights follows
on full days and yet
all feel void

miércoles, 30 de julio de 2008

Death by blue blood

I have a big mouth, or so I am told..... and it seems. I am dead tonight, and sacked tomorrow. I have offended blue blood.


Irene Corso
Namur, 30 de julio 2008

miércoles, 23 de julio de 2008

Patente de Corso: Putimadrid la nuit

Por Arturo Pérez-Reverte
20 de Julio de 2008


En una ciudad normal –según tengo entendido–, cuando uno quiere intercambios carnales de tipo mercenario, o sea, pagando, y es forastero o no conoce el percal, sube a un taxi y dice: «Al barrio de las putas, hágame usted el favor». Y de camino, si el taxista es un tío enrollado, te ilustra sobre las mejores esquinas, los antros adecuados para tomar algo, e incluso recomienda que una vez metido en faena preguntes por Greta, por Ivonne, por Makarova o por la casa de madame Lumumba, que son limpias y de confianza. Detalles útiles y cosas así. Luego, al llegar a la zona de lanzamiento, le das una propina al taxista, te buscas la vida, y al que Dios se la dé, que san Pedro se la bendiga. Lo de siempre.

En Madrid, capital de las Españas, es distinto. Una ventaja de esta ciudad es que te ahorras el taxi. Quien desee irse de putas las encuentra con facilidad en el centro mismo, a cualquier hora. Incluso quien no tiene la menor intención de tocar ese registro, se las tropieza con una frecuencia pasmosa. Basta dar una vuelta por el corazón turístico y comercial de la urbe para observar un surtido panorama. Eso no ocurre en otras capitales de Europa, donde, por el qué dirán o por lo que sea, el puterío se limita a calles tradicionales y discretas, alejadas de las grandes vías de tránsito peatonal. No ya porque el comercio venéreo tenga un punto vergonzoso y bajuno –que lo tiene– ni porque la gentuza que suele pulular en torno sea todo menos ejemplar, sino por razones de pura estética urbana. No recuerdo, salvo error u omisión, haber visto nunca las aceras del bulevar Saint Germain, el Chiado lisboeta o las inmediaciones de la plaza Navona, por ejemplo, llenas de lumis. En Madrid, sin embargo, sus equivalentes están hasta los topes. Y la verdad: queda feo. Cada cosa es cada cosa. Como dicen en Culiacán, Sinaloa, cada chango en su mecate.

No tengo nada contra las lumis, ojo. Alguien tiene que parir a ciertos políticos de los que mojan en nuestras diecisiete salsas y nos animan el telediario. Lo que pasa es que, a veces, la situación puede ser incómoda. La otra noche paseaba, después de cenar, con unos amigos guiris camino de su hotel en la Gran Vía. Y subiendo de la puerta del Sol junto a los cines de la calle principal del centro de Madrid, entre la basura y suciedad acumulada por todas partes, pasamos revista a un variopinto surtido puteril –todo de importación– comparado con el cual, aquellas busconas nacionales de antaño, tan arregladas ellas, con su bolso y su cigarrillo en los labios fríos como la Lirio, apoyadas en el quicio de la mancebía, parecían condesas de Romanones, o por ahí. Las señoras que venían en el grupo de mis amigos, que al principio miraban el paisaje entre curiosas y sorprendidas, terminaron por acojonarse, sobre todo a causa del ganado masculino que circulaba cerca, incluidos los fulanos que se empeñaban en darnos a todos tarjetitas sobre pornotiendas y puticlubs ad hoc situados, supongo, en las cercanías.

El caso es que, a medio paseo, una de las guiris, Silvie, que es gabacha, me preguntó: «¿Siempre es esto así, tan elegante?». Y no tuve más remedio que confirmarle que sí, y que no sólo de noche. Que también de día, la vieja prostitución antes limitada a la cercana calle de la Ballesta hace tiempo desbordó los límites para desparramarse por las cercanías de la puerta del Sol, sin que el Ayuntamiento pueda o quiera impedirlo, aunque a los vecinos y comerciantes se los llevan los diablos. «¿Y no hay normas que regulen esto?», preguntó Silvie, toda ingenua. Entonces tuve que emplear unos diez minutos de paseo –a razón de una puta presente cada quince segundos– para explicarle que esto es España, niña. La democracia más avanzada y puntera de Europa. ¿Lo captas? El pasmo del mundo y de Triana, o sea. ¿Nunca oíste hablar de la Alianza de Putilizaciones? Cualquiera que estorbe a una extranjera, por ejemplo, el libre ejercicio de su chichi en donde le apetezca a ella y a su chulo, es un xenófobo y un fascista. Es algo parecido –añadí– a lo de aquel mendigo español que antes tuvimos que esquivar porque estaba tirado en el suelo, cortándonos el paso en la acera. Si un guardia le pide que circule, la gente increpará al guardia, y con razón, por abuso de autoridad. Y lo mismo hasta le dan de hostias. Al guardia.

Después de escuchar aquello, Silvie no volvió a abrir la boca. Yo adivinaba sus pensamientos: una ciudad donde nadie puede controlar el lugar donde cualquiera campa por sus respetos es una auténtica mierda; pero cada cual tiene las ciudades que se merece. Advertí que eso era lo que estaba pensando. Aunque, por suerte, no lo dijo. Silvie es una chica educada. Me habría puesto en un compromiso.



© Santillana Ediciones Generales S.L.

viernes, 18 de julio de 2008

Tiempos Muertos de Shakespeare

Me levante est manana y me quede tranquila
I lie quiet in the peacefulness of the rising morning
I pray the day be as wandering as my restless nights
J'ai voyagé de par les nuages cette nuit dépassée comme si le temps s'abolissait
Me tranquilize, y este dia que se esta comiendo la noche muerta me llama por las calles de la vida
The night is dead, consumed away by heartless rays
I pray for clouds not to feel hunger for me
I wish I was left deathtimes to wander broken pathways on the border of Africa where bubblegum cathedrals embrace the sky
Je me lève et la griseur du jour m'entoure de ces bras tentaculaires
J'écoute la clameur du monde autour de moi et ses soupirs de ne pas vivre assez

Haiku

Wake up and smile
You dream you
Wander the world

Patente de Corso: Esas postalitas sevillanas

Por Arturo Pérez-Reverte, 22 de Junio de 2008



La de hoy es una de esas edificantes historias que reflejan bien de qué va esto. Me la acaba de contar mi compadre Jesús Vigorra, y les va a encantar. Jesús dirige un programa de libros en Canal Sur llamado El público lee, que bate récords de audiencia cultural en Andalucía; programa que, de forma milagrosa, sobrevive sin casarse con nadie, dando voz a un variopinto registro de autores, hablando de libros que interesan a todo el mundo y negándose a convertir la literatura en club cerrado de capullos y cantamañanas. Por eso sigue ahí, para disfrute de sus seguidores y honra de la cadena andaluza –no todo va a ser telebasura– que desde hace años lo alberga y apoya. Además, mi compadre conduce un programa de radio que arrasa entre la gente de infantería, pues trata sobre los pequeños problemas de la ciudad y sus habitantes, y a menudo es último recurso de los que no tienen voz ni quien hable por ellos. Ahí es donde entra nuestra bonita anécdota.

En la Navidad de 2006, un colegio del distrito Cerro Amate de la ciudad de Sevilla organizó un concurso de postales navideñas para sus alumnos, bajo la cobertura del Ayuntamiento. Los niños hicieron sus postales primorosas, el colegio organizó una fiesta para entregar los premios, y éstos consistieron en una reproducción del futuro cheque que, con cargo a las arcas municipales, los niños, y sus padres por ellos, cobrarían como premio. Hasta ahí todo monísimo, como ven. Una iniciativa simpática, para incentivar la creatividad de las criaturas, y de paso que el distrito, y el Ayuntamiento, y todo el político o aspirante a manguta que pasara por allí, pudiera hacerse la foto correspondiente y salir en los periódicos. Que es de lo que se trataba, claro. La prueba es lo que vino después. O lo que no vino.

A principios de mayo de 2008 –casi año y medio después– ninguno de los niños ganadores del concurso había cobrado un euro, ni había indicios de que lo cobrara nunca. Hasta el punto de que una de las madres, harta de reclamar en las oficinas del distrito y de que nadie le hiciera caso, telefoneó al programa de radio de Jesús, contando el monipodio en plan te voy a decir una cosa, Vigorra de mi alma, escucha. A mi niño le dijeron que había ganado un premio de doscientos cuarenta euros, y hasta hoy no los ha visto ni de lejos. Y yo venga a ir al distrito a preguntar qué pasa con mi criatura, que estaba tan ilusionada, y allí te puedes imaginar. Nunca hay nadie, y si hay alguien, nunca está para recibirla a una. Y aquí estamos. Esperando.

A petición mía, Jesús me mandó la grabación de la entrevista que, después de aquello, le hizo a una representante de la municipalidad local pidiendo explicaciones sobre el asunto. Acabo de escucharla en el reproductor del ordenata donde tecleo, y ahora escribo asombrado, pese a la mucha mili que llevo a cuestas, por el impudor y la desvergüenza oficiales que se adivinan bajo los balbuceos, los silencios y las excusas de la prójima en cuestión; a fin de cuentas, ella, peoncito sin importancia del tinglado municipal responsable de la cosa. Porque resulta que en esta España donde el dinero se lo funden los ayuntamientos y los gobiernos autonómicos y los ministerios y el Estado –o lo que tengamos ahora– en setenta mil chorradas de presunto tufo cultural, donde todo cristo tira con pólvora del rey, donde el cuñado de Fulano o el constructor amigo de Mengano trincan por detrás con ambas manos y donde las facturas, cuando las hay, se arreglan a medida después de hechos los pagos, la razón por la que a un niño ganador de un concurso escolar de postales navideñas llevan año y medio sin pagarle doscientos cuarenta cochinos euros, es la siguiente: para esa cantidad hace falta que se reúna antes nada menos que el pleno del Ayuntamiento de Sevilla y apruebe la cosa. Pero como entre diciembre de 2006 y mayo de 2008 hubo elecciones municipales, los presupuestos quedaron paralizados, hubo que votarlos de nuevo, y el proceso administrativo para pagar el premio debió empezarse –al menos eso cuentan– desde el principio. De manera que, si todo ha ido bien, el niño cobrará más o menos por estas fechas. Teniendo en cuenta, claro, que hasta que el asunto no salió por la radio nadie era responsable de nada. El concurso de postales ya ni siquiera se convocó en diciembre de 2007. Silencio administrativo. Calculen cuándo habría cobrado el zagal si a su madre no se le ocurre piarlas en la radio.

Doscientos cuarenta euros y un colegio en Navidad, oigan. Un pleno de Ayuntamiento como trámite para que un niño cobre su premio. Dirán ustedes que no es posible. Que no puede tenerse tan poca vergüenza, ni en Sevilla ni en ninguna otra parte. Pero ya ven. Se puede.



© Santillana Ediciones Generales S.L.

Patente de Corso: Nuestros aliados ingleses

Por Arturo Pérez-Reverte, 13 de Julio 2008


Esta semana que viene toca de nuevo conmemorar batallita. Y no se trata de una cualquiera: en Bailén, el 19 de julio de 1808, dos meses y medio después del 2 de Mayo, a las águilas de Bonaparte les hicieron cagar las plumas. Por primera vez en la historia de Europa, un ejército napoleónico tuvo que rendirse después de un partido de infarto, en el que nuestra selección nacional –tropas regulares, paisanos armados y guerrilleros– aguantó admirablemente los dos tiempos y la prórroga. También es verdad que fue la única vez que ganamos la copa, pues luego los franceses nos dieron siempre las del pulpo; o ganamos, cuando lo hicimos, con ayuda de las tropas inglesas que operaban en la Península. Si algo demostramos los españoles durante toda la campaña fue que para la insurrección y el dar por saco éramos unos superdotados, pero que a la hora de ponernos de acuerdo y combatir organizados no había quien nos conciliara. Paradojas de la guerra: por eso los gabachos nunca pudieron ganar. Acostumbrados a que alemanes o austriacos, por ejemplo, después de derrotados en el campo de batalla, se pusieran a sus órdenes con la policía y todo, preguntando muy serios a quién había que meter en la cárcel por antifrancés, no comprendían que los españoles, derrotados un día sí y otro también, no terminaran de rendirse nunca; y encima, en los ratos de calma, se incordiaran y mataran entre ellos mismos.

Al hilo de todo esto, un historiador británico se lamentaba hace poco de que aquí conmemoremos el bicentenario de aquella guerra con poco agradecimiento al papel que las tropas inglesas tuvieron en ella; ya que fueron éstas las que proporcionaron ejércitos disciplinados y coordinaron, con Wellington, las más decisivas operaciones. Y tiene razón ese historiador. En batallas y asedios, Bailén y los sitios aparte, la contribución británica fue decisiva. Lo que pasa es que de ahí a que los españoles deban agradecerlo, media un trecho. En primer lugar, los ingleses no desembarcaron para ayudarnos a sacudir el yugo francés, sino para establecer aquí una zona de continuo desgaste militar para su enemigo continental. Además, y salvo ilustres excepciones, su desprecio y arrogancia ante el pueblo español que se sacrificaba en la lucha fueron constantes, compartidos por la mayor parte de los historiadores británicos de entonces y de ahora. Por último, las tropas inglesas en suelo español se comportaron, a menudo, más como enemigas que como aliadas, cebándose en la población civil. Eso, manifestado ya durante la desastrosa retirada del general Moore en La Coruña, se evidenció en los saqueos de Ciudad Rodrigo, Badajoz y San Sebastián.

Y no hablo de trincar unas monedas y un par de candelabros. Historiadores españoles contemporáneos como Toreno y Muñoz Maldonado, por aquello de la delicadeza entre aliados, pasan por el asunto de puntillas; pero los mismos ingleses –Napier, Hamilton, Southey– lo cuentan con detalle. Sin olvidar la memoria local de los lugares afectados, donde todavía recuerdan los tristes días de la liberación británica. En Ciudad Rodrigo, por ejemplo, la toma de la ciudad a los franceses fue seguida de una borrachera colectiva –extraño, tratándose de ingleses–, asesinatos, saqueo de las casas de quienes salían a recibir alborozados a los libertadores, y violación de todas las señoras disponibles. Wellington atribuyó los excesos a que era la primera vez que sus tropas liberaban una ciudad española, y estaban poco acostumbradas; pero la cosa se repitió, aún peor, en la toma de Badajoz, donde 10.000 ingleses borrachos saquearon, violaron y mataron españoles durante dos días y dos noches, y culminó en San Sebastián, donde al retirarse los franceses y salir los vecinos a recibir a los libertadores, éstos se entregaron a una orgía de violencia, saqueos y violaciones masivas que no respetó a nadie. Luego vino el incendio de la ciudad: de 600 casas, de las que sólo 60 habían sido destruidas durante el asedio, quedaron 40 en pie. Habría sido ahí muy útil la feroz disciplina que, más tarde, Wellington impuso a las tropas que lo acompañaron en la invasión de Francia, cuando fusilaba sin contemplaciones a todo español que cometía algún exceso como revancha contra los franceses.

Puestos a eso, la verdad, simpatizo un pelín más con los gabachos. Al menos ellos saqueaban, mataban y violaban porque eran enemigos, tomando al asalto ciudades donde hasta los niños te endiñaban un navajazo. Los súbditos de Su Graciosa son harina de otro costal: iban a lo suyo y los españoles les importaban un carajo. Así que, en lo que a mí se refiere, que a Wellington y las tropas inglesas los homenajee en Londres su puta madre.



© Santillana Ediciones Generales S.L.

lunes, 14 de julio de 2008

Sun and Rehabs

Amy woke me up
The day is out
And the sun alike
My heart is singing
Sad melancholic songs
From other lands
And I smile ironically
At love and what it makes of me
Amy woke me up
It was a year ago or so
I cried out flooding
Round with my stillness
And I smiled at the irony of
Mornings and sleepless nights
Those that leave you restless
Amy woke me up
And I walked down the pathways
Cutting myself into the frivolous elfin
I was sleeping to become
I move around and the day
Plays by and half of my heart still
Sinks away in the north
Yet its twin half is floating
Me up here
Amy woke me up and
I live and love
I said the words


Irene Corso
Namur, 14th of July 2008
2 years after intellectual redemption

jueves, 10 de julio de 2008

Destination Void

The day is out
And yet the night is still
Up and upbeat
Yesterday woke up
In shadows of greyness
Of past voids recently awoken
Rain was wrong
Ashamed of wettening the ground
And my heart sank
Coming back to the depths of oceanic floods
What does it rain wrong here?
The day is out and my
Night is still up and upbeat
I came north and I fell
As before when a train
Took you away down south
I guess I still like you


Irene Corso
Namur, 10th of July 2008

jueves, 13 de marzo de 2008

The Walking Coat

I was walking by the city, my feet
Hanging out on street pathways
The day was rising around
My stomach yearning for its
Morning dose of waking up drugs
The streets were dirty
The weather stormed out
It rained
And it winded
And it snowed
And it fogged
Maybe I should not use these
Words as verbs but who care
I hear that it is fashionable to let oneself
Out without caring for those who
Walk in your steps and let
Them enjoy your rubbish
The sun rose up
Awaking the wind of change
And I wished I was not here
I was a mind in a walking coat
Looking out for a
Body to fill myself in
And a country that would
Take me in
Me, my body, my mind
And my walking coat
Would you happen to know one?


Irène Corso
Namur, 12 de marzo 2008



viernes, 21 de diciembre de 2007

Retour au Château du Nord

Le jour se levait. Il était six heures du matin. Je marchais de par les rues désertes, venant de quitter les bras de l’homme dont j’avais rêvé depuis de longues semaines. Une heure auparavant, cela nous était apparu comme une evidence. Cette nuit récente était un inéluctable de nos trajectoires croisées. A l’heure de se quitter ce soir-là, je n’avais pas su lui dire de ne pas me tenir par l’épaule, et il n’avait pas pu s’empêcher de me dire qu’il serait seul. Combien de temps lui a-t-il fallu pour se decider à m’avouer sa solitude de ce soir-là ? Combien de temps me fallut-il pour que je me soumette à ma curiosité pour cet homme de l’autre côté du mur ? Trop de livres peuplent ma vie et certains prêts n’auraient pas du avoir lieu, sans que la damnation frappe a la porte. Lorenzo Quart belge perdu de par la Manche, je me retouvais à errer dans une ruelle déserte d’un quartier célèbre. Je me sentais vivante, remplie d’énergie, et ayant regagné une innocence et mes rêves d'enfance au cours de la nuit. Ce matin-la, il pleuvinait sinistrement, pourtant. Les goutelettes suspendues dans l’air s’accrochaient à moi, éperdues dans un ciel qui ne leur voulait qu’une chute finale sur le pavé gris. Je leur servais de porte-manteau du moment. Je marchais de par les rues. Par ces pas je quittais aussi, et retrouvais par la-même aussi, mon enfance. Mon homme du château du nord était en effet mon retour dans une innocence manichéenne que seuls les enfants connaissent, quand ils sont encore libres des conventions qui écrasent les adultes.

L’homme du chateau du nord fut une question et son passage reste une certitude qui me soutient, soutien fait de souvenirs d’humour de bourdes lourdes, de silences bruyants apres que m’avoir fair batifoler mes cheveux et avoir retiré le pansement d'une cicatrice béante et récente. A l’heure de batifoler le long des flancs de la Meuse, mon coeur se balade de par les canaux de mon chateau du nord et suit l’homme de la nuit du retour de mon enfance sur les rives de la Tamise. Il est fort probable que la vie a venir va comprendre pas mal de douleurs amoureuses mais des remerciements sont dus : merci de m’avoir rendu mon enfance.

Décrépitude de la Ville Mourante


Décrépitude du matin verdâtre
Qui se lève en retard
Fade sur les rues vertes de saletés
Des rues vides de la ville morte.

Il pleuvait hier
Et les rues se sont remplies
Des déchets propres
Des habitants bien pensants
Des rues d’a cote
Les récolteurs du sale vont passer
Se dit-on
Mais cela sert peu

La décrépitude envahit
La porte d’une université
Autrefois si moderne
Et maintenant trop repue
De sa bibliothèque
Aux étagères vidées
Et qui ne sait même plus payer
Ses portiers

Mes visiteurs se perdent
De par des rues pleines
D’étudiants palis et bien vêtus
Qui ne savent ou
Se logeaient
Le tabernacle du savoir passe

Il est neuf heures
Et les rues sont vides
La décrépitude est tombée
Sur la rue
Qui abrite un titre ancien
Dont les lettres tombent
De par le sol
Ramassées de nuit
Par des noctambules
Habitant des sacs plastiques

Le monde est décrépit ce matin
Et bien peu s’en soucie
Il est peut-être
Temps que je reprenne mon bagage

Namur, 11 de Deciembre de 2007

Off the World


Overnight an old day has come into town. The day is grey and it is how it should be, or so I am being told by the flower merchants who sell these seasonal flowers usually found on moors torn by wind shafts and that I seem to be the only one to find beautiful at my window.

Strangely this should be a good day, the day of the recognised good people, whom we should all know the virtues of. Yet no-one speaks of saints today, unless you are spreading your wings to St Peter in Rome. Today nobody cares of the good known people, but of the bad, unknown, normal people and we enjoy spending time remembering their sins in this world, that, supposedly, should disallow them access to this good old sky we are being told is our aim in life. You get it: it is All Saints day, and we are going on pilgrimage to the tombs, or wherever we think the tombs are for those we loved.

I do not like going to the tombs – for the tombs are more for the souvenirs of fun late afternoons eating crisps, lots of crisps, all these crisps we were not allowed my brother and I in normal times, and that my mum’s cousins were overfeeding their kids with. It was fun also because it was the beginning of winter and we were often, just before, which fortunate for good presence, according to my Gran, going for some new cloths shopping. As the first of November usually sounds the beginning of the first winter colds, it was also useful; we were not freezing out while playing in tombs’ fields. In fact, it was a odd day, where we were all voluntarily late, just because…. It is not fun to listen to a priest telling you that your family is gone, and to hope for the final, always coming too late for your childish lack of patience, enunciating of your family name. As we are not an ‘A’ family, it is not a short time we had to wait. It was even worse after our names: why do we have to wait and listen to everybody’s name, and not go to the tomb, our tomb, quicker? Was that a conspiracy to make us all believe that death attends us all

With my grandmother, we usually went to this old village, full of sinners, and now repopulated by recoiled bourgeois who work in town. It was a full day of festivities: the pleasure of going to the plastic flower shops to get some of these plastic flowers, beautiful in my eight years old eyes, ugly and despicable in the eyes of my Dad and my Mum, who saw in these a sign that my grandmother refused to grow to a world that would always be too new for her. My gran never had a television. She always stayed living in a world of radio where merchants come to your door every week, one with a few eggs and some milk, another with some meat, one with her medications for the week…., merchants whom she would welcome grateful every week for she still thought they held the clues to the scary modern world there outside.

1 de Noviembre 2007

Light of the Night

La nuit est tombee
Et je ferme les rideaux
Sur la sombreur
Qui envahit mes fenetres

Night is down
Beautiful hunting victim
We have chased all day
And finally touch at night fall

Les senteurs du jour
Se retirent et je me reveille
Vampire en quete de senteurs bleu sombres
Et de lumieres noires


It is a cold night
Stars are being cold on duty
And the radio speaks of snow to come
And frozen roads that will kill


Les routes ne tueront pas
Par manque de volonte propre
Mais mes yeux brulent, aveugles
Par les eclats des glaciers qui envahissent les balustrades


My hands burn too
Frozen by this invisible snow
We were not told about yet
Is it not tomorrow that snow comes?


Les orties vont bientot mourir
Et cesser de piquer
Ceux qui laissent pendre
Leurs pieds dans la riviere

The light of the night has risen
And the world has changed cloth
Light becomes dark
And dark becomes light

At last peace has come to my windows


Namur, 18 de Noviembre 2007


On Catullus

I love and I hate
And I do not know why
Or I do pretend so
Whispers reach my ears
Telling me of an odd question
Being asked:
“Why do you love me?”
What is love?
And I am tempted to step in
And answer my wrong answer
To their question
I am tempted to say
“I love you because
Of nothings
Of a whole world of nothings
Those nothings I cannot live without
Smiles,
Laughs,
Silences,
First and foremost
Absences
Ephemeral touches
Especially those that do not last
And give you an
Impression of your world collapsing when
They finish
You know you have
To say I love you
When nothings invade your silent moments
When missing nothings tell you
That nothings are missing
Love is about living
Certain nothings together
And how this paves your days.
And you smile to the day ahead.”

Namur, 9 de Deciembre de 2007

L'Amour par Tahar Ben Jelloun

« L’amour est une distraction, des cristaux plantes dans la paume de la main, une épingle en cristal circulant dans le corps, une fenêtre ouverte sur les fougères, sur un piano, un soleil, un oeil dans un front, une mer étincelante, une nuit basculée par une infinité d’étoiles, le désespoir enveloppé dans un vieux journal. »

Tahar Ben Jelloun, Les Yeux Baissés

lunes, 5 de noviembre de 2007

Buscando Corso - Prélude

Je cherche un tabacco, parce que je cherche un cahier et un crayon. Un petit cahier, avec des grands interlignes comme dans les annees trente. Je m’appelle Irene Adler, ce qui bien sur est mon vrai nom vu que, depuis quelques temps, c’est ainsi que je m’imagine. Cela compte pour notre recit, au vu qu’Irene Adler est celle qui perdit Sherlock Holmes, d’apres ce que me dit Conan Doyle. Ce fut Irene qui perdit Sherlock, enfin d’apres ce que me dit Lucas Corso, ou plutot Arturo Perez Reverte, car c’est lui qui a cree le caractere. Moi, ce fut l’Espagne qui me perdit, par sa grandeur, pas celles des plages, mais celle des mesetas, des cathedrales qui vous ecrasent d’espace libre, des montagnes et de leurs goufres d’ou Roland aurait saute comme un geant courageux. Il y a aussi cette petitesse indescriptible, celle des petits cafes et de leurs petites terrasses a petites tables, des petits chemins entre les petits arbres, des petites fleurs, des petites pierres qui servent de refuge a des insectes minuscules, des petites fenetres fragilement jaunes qui bloquent le soleil incendiaire, des petites pierres grises que l’on ramasse dans ses poches, des poches d’eau des embalses trop assoifes que pour s’etendre, des petits cahiers d’ecole ou les lignes sont tellement epaisses qu’elles couvrent les mots, des petits magasins a petites enseignes ou l’on fait ses courses a petits pas, a petits comptes. Me dire le mot ‘Espagne’ est un acte qui a ses consequences. Le son du mot reveille souvenirs, sensations perdues dans le corps qui soudain s’eveille et je me retrouve perdue dans des petites rues de la-bas qui sentent le churro, le pain frais, la poussiere, l’enfermement des petits supermercados et de leurs marchandises etiquetees a l’ancienne, le soleil brulant du jour qui monte et incendie les blancs, jaunes et bruns des murs. Comme le diraient certains critiques de l’amour coup de foudre: j’ai l’Espagne dans la peau, je vis en permanence avec cette compagne incongrue. Comme je me le dis souvent, j’ai ete en Espagne trop souvent, ou pas assez souvent. Si vous me prenez par hasard dans la rue, il est probable que vous trouverez sur moi pour le moins deux ou trois objets qui m’ont accompagne un jour la-bas, ou que j’ai choisi d’acheter simplement car il etait ecrit sur l’etiquette ‘made in Spain’. Ma vie est pleine de moments d’Espagne.

Prenons par exemple l’an trois. J’ai une dizaine d’annee. Nous sommes en Andalousie. Pour ceux qui connaissent, nous sommes a l’ouest du Cap Trafalgar, sur la cote du cote du Guadalquivir qui est du cote de Huelva, dans un de ces campings surbondes pres de Palos de la Frontera ou il y a plus d’Espagnols que d’etrangers. C’est le matin. Je me reveille aux bruits de ma mere qui prepare le petit dejeuner. Tout est calme, un calme qui appelle le bruit. Ma mere prepare le cafe doucement sur le camping-gaz, utilisant ce filtre de camping pour lequel mon pere a coupe une petite piece de metal ronde afin d’empecher les grains de cafe de passer dans le thermo. Tout se fait doucement, tranquillement, a petits pas. La tente s’est ouverte a petits pas de la tirette, les boites et coffres s’ouvrent en silence. Les casseroles se mettent sur le gaz doucement, et l’eau bout a son petit rythme, plus vite peut-etre qu’en d’autres lieux car il fait deja 30 degres. La louche descend dans la casserole, monte vers le thermo couronne de son filtre metallique a anche deformee par trop de chaleurs passees, l’eau tombe sur le cafe, et commence sa lente mutation en cafe. La paix matinale est de regle ici. Autant la nuit precedente a ete bruyante, autant le matin se doit d’etre calme et silencieux. Le chuchotement des pas sur le sable des chemins de passage vers les sanitaires sont repondus par des voix anonymes, cachees dans des tentes fermees qui demandent hautement que la paix et la quiete soient respectees dans cette heure matinale ou tout qui se doit devrait encore etre en train de dormir. Maintenant je pourrais aussi commencer en l’an cinq. J’ai une huitaine d’annees. Nous venons de nous promener au sommet du petit mallos local, celui ou il y a cette grotte fantastique pleine de fees, et nous nous sommes diriges vers le petit bar d’Aguero, un village isole des pyrenees, cote espagnol bien sur, pas trop loin de Riglos ou tous les Americains s’en vont pretendre faire de l’escalade dangereuse le long de falaises de mallos epuises d’avoir tenter de faire peur a ces escaladeurs fantoches, et rouges de honte d’etre incapables de chasser ces impudents. Je pourrais aussi décrire ce voyage de l’année neuf. C’est le mois de janvier. J’ai une vingtaine d’annees, et viens de terminer une session d’examens a l’universite. Ce jour je pars en Espagne par bus, pour Seville, ou je vais passer une dizaine de jour a vagabonder. La gare des bus se vide. Je suis nerveuse. L’idee de partir seule, je crois. Je resterais bien la, confortable, a Bruxelles. Apres tout cette capitale venerable est une aventure a part entiere, non? Le tiquet est achete cependant et je n’aime pas les gaspillages. Je monte dans le bus, plein d’Espagnols qui retournent au pays apres avoir passe les fetes avec leurs familles en Belgique. Les chauffeurs sont espagnols aussi. Etrange chose que ce bus. A peine nous prenons la route, la Belgique n’est plus, pas plus que le francais d’ailleurs. Les chauffeurs mettent un film double en espagnol. Sur la route, avant meme de quitter Bruxelles, nous nous arretons partout pour collecter un peu plus de ces hispanophones exiles loin de leurs montagnes, cafes et plaines dessechees. Le bus est plein de bruit. Je crois que je suis la seule francophone a bord en dehors d’un grand gars qui s’accroche a moi comme a un piquet de soutien. La voix de son francais commence a m’enerver cependant. Les autres passagers me parlent en espagnol. Je crois que je suis trop sombre de cheveux que pour passer pour belge, francaise, ou meme pour le moins plus nordique que les Pyrenees ou les Alpes. Ceci est l’Espagne deja. La Belgique nous a quittes quand les portes du bus se sont fermees. Je me sens bien. Contre mon gre, car j’aime cette cacophonie de voix vivantes, je m’endors bientot. Deux jours plus tard, dans mon auberge a Seville, je reverai en espagnol.

Depuis ce voyage, quand je me sens mal, je me mets à rêver d’embarquement pour l’Espagne, et de recontres fortuites dans la rue avec les personnages d’Arturo Perez Reverte, mon auteur préféré, avec Diego Alatriste flanqué d’Iñigo, avec Lucas Corso accompagné, dans l’ombre de ses pas, par Irene Adler, du Père Lorenzo Quart et de Macarena Cruz y Bruner, bras dessus bras dessous, de Jaime Astarloa assis à une terrasse de café plongé dans la rédaction de son traité d’escrime, de Julia et César emportant à l’autre bout du monde un Van Huys volé et plein d’énigmes. J’évoque des paysages jaunes pris en photo, et mes sens se réveillent. Je rêve de paysages jaunes qui crevassent les pieds de leurs visiteurs, de l’odeur de poussière dans des rues où les magasins ferment le jour et ouvrent à la soirée, de ruelles sombres cachant cafés sombres enfumés et masculins, de brouhahas féminins achetant denrées au marché, et consommant cortados, cafes con leche, churros et chocolate, tapas, ou trozos de tortilla tiède, de soirées terminées au goût de carajillo, de tintos de verano et de claras, de la quiétude et fronde des regards espagnols qui vous percent l’âme, et vous annoncent les yeux dans les yeux que la douleur des amours passés qui se tapit derrière les yeux doit laisser la place aux rires d’aujourd’hui.

Ce recit n’a d’autre but que celui de parler de cette omnipresence espagnole dans ma vie. Le silence est mauvais, me dit Arturo Perez-Reverte quand il me decrit Jaime Astarloa et Lucas Corso. A trop le lire, je commence a le croire. Et puis Carlos Ruiz Zafon me dit la meme chose quand il me decrit les amours de Daniel et Beatriz. Il y a aussi le Concerto d’Aranjuez. Le silence est mauvais, sauf quand il est paisible, et meme alors il est possible de l’exprimer. Il est temps que j’exprime cette saignee et douleurs qui me transpercent a chaque fois que j’entends Espagne ou Retiro, brisent le coeur quand j’entends parler la langue de Don Quijote, et que je sens ma langue se paralyser car je sais qu’une conversation isolée ne brisera ma solitude présente que pour un moment trop court, un répit trop bref, engendrant des rêves de départ qui me font peur. Ce recit sont mes elucubrations sur comment l’Espagne est devenue l’ombre de mes pas de tous les jours.



Irène Corso, Noviembre de 2007

viernes, 2 de noviembre de 2007

Haiku

Entre tiempos de Londres
Y otros de Belgica
Estabamos que perder


Irène Corso, 3 de Noviembre 2007

Haiku

I wish cards
Would still be to
Play for us

Irène Corso, Celles, 3 de Noviembre

Barcelonas

Barcelona sits in front of me
It sits on my train
How weird is this?
You take a train that
Ought take you away
And you sit in front of it
That train contains
Other trains, where
You hoped, smiled,
Despaired, cried,
Feared
There are also there
All those other trains
You dreamt about
Stealing away
These you never
Admitted to love
Until it was too late
Barcelona looks at me
White on black
As if hiding the secrets I conceal
The city stalks me
I swear I saw it in
The comic book shop today
And in my friend talking
About books
We might wish to forget
But we can only go along
The flow
On roads, trains, planes
Life is cluttered with Barcelonas
Mine sits
On the side of the Vlatva
Underneath the shadows
Of the Sagrada Familia
And under the loving guardship
Of Knightsbridge
I do not know
What your Barcelona is
But I wish you loved it
That is the least
We can do
After all
Either you love
Either you don't

Irène Corso, Namur & Celles, 3 de Noviembre